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Samantha Bosque

SAMANTHA BOSQUE (Barcelona, 1973)

La verdad es que no sé por qué empecé a pintar; lo que sí recuerdo es que negaba sistemáticamente que lo quisiera hacer. Con el paso de los años he entendido que el hecho de que mi padre fuera artista provocó que quisiera huir de lo que seguramente era mi destino. Nací en 1973 y estudié diseño en la Escuela Elisava. Impactada por la obra de los hiperrealistas estadounidenses, inicié mi trayectoria artística, pero tenía claro que pintaría cuando tuviera cosas que decir. Porque, como dijo Picasso, "el arte es una mentira que nos permite decir la verdad". Empecé copiando un libro de anatomía médica en el estudio de pintura de mi padre y dando clases de dibujo al natural en el Real Círculo Artístico de Barcelona, ​​con el objetivo de que, acabara haciendo lo que acabara haciendo, por encima de todo, tenía claro que tenía que aprender a dibujar.

Desde 1993, me muevo entre dos aguas: la pintura y el diseño. El diseño es mi contacto con la realidad, ha sido mi día a día, mi estabilidad. La pintura me permite alejarme de esta realidad para intentar entenderla. Es mi parte inestable, mi diván, mi Sigmund. Mi medio para decir todo lo que no digo con palabras. Palabras, que también terminaron estando presentes en mis obras, porque, al igual que los colores, forman parte de los códigos básicos de la comunicación. Mi obra no pretende mostrar la realidad, y eso me ha hecho huir de los colores hacia el blanco y negro, porque el color es el reflejo de la realidad y el blanco y negro me ayuda a sacar la obra más intimista, los pensamientos, los sueños, el subconsciente …

Fascinada por la mente del ser humano, hasta el punto de empezar a estudiar psicología, la temática de mi obra gira, en su mayoría, en torno a la búsqueda de mi identidad; y la primera vez que fui capaz de enfrentarse a mí misma alguien dijo: "Primero plano de una cara blanquecina que cierra los ojos para ver lo que esconde su oscuro interior ...".

Durante estos años, mi obra se ha expuesto en Barcelona, Madrid, Málaga, Andorra, París y Venecia, con proyectos monográficos como:

Portraits. 7 retratos y 13 supersticiones, en la Galería L’Arcada, de Blanes, 1998. Cabezas retrato como una afirmación de la identidad individual dentro del anonimato. Cabezas gigantes que existen por sí mismas, monstruosas y a la vez hieráticas e inexpresivas ... Son la apariencia, el exterior, la presencia omnipotente del ser. En la dualidad contenido-continente, las cabezas son el continente frente al contenido, representado por las supersticiones.

En el año 2000, participé en la 10ª Primavera fotográfica de Barcelona con La Santa Proyectos Culturales exponiendo el proyecto Descontextualizados. I remember something about my childhood ..., en el que planteaba que la identidad del sujeto depende, en gran medida, de su contexto habitual. En un engaño de realidades y apariencias, en esta dualidad entre la memoria y el recuerdo, también juego con la técnica. Hoy en día, algunos afirman que la fotografía ha sustituido la pintura, pero, ¿qué ocurre cuando la pintura sustituye la fotografía?

Después de los proyectos, Salmones en Barcelona ... a contracorriente, Alfabético, -o, Lore Dolore (...), Diálogos con la memoria, Figurativas’13 ..., en 2013 representé a Andorra en la 55ª Bienal de Venecia con el proyecto Memoria Olvidada, en el que presentaba la paradoja de que el olvido está lleno de memoria.

Actualmente, después de presentar la exposición Varium te mutabile semper femina, planteando los roles de la mujer dentro de la erótica y teniendo claro que en toda la historia podemos afirmar que ninguna mujer es sólo santa, puta, madre o esclava; que todas lo somos todo en algún momento; estoy trabajando en el proyecto Vidas inacabadas. Un proyecto con la Fundación Arrels de Barcelona de retratos de gran formato (120x160 cm) de las personas que han colaborado con el proyecto Homelessfonts, que luego intervienen en las obras escribiendo sobre lo que les ha generado verse allí, gigantes, hieráticos, contundentes, haciendo valer su presencia ante la sociedad. Son ellos mismos los que mirarán a los espectadores y harán valer su presencia, porque ni quieren ser, ni son invisibles.